Shanghái, China

Shanghái, China. Un centro económico mundial de un país que trata de integrar tradición y modernidad. Foto: Pixabay

Mercados de animales salvajes en China, comercio y consumo: desmintiendo ideas erróneas y afirmaciones falsas

Sin tratar de negar la existencia de tergiversación intencionada por parte de algunos periodistas, creo que existe una considerable confusión por parte de los medios occidentales con respecto a los mercados húmedos en China. Además, parece que la percepción de un supuesto consumo generalizado de animales salvajes en China está siendo ampliamente aceptada en Occidente.

Mercado tradicional. Changhua Road, Putuo, Shanghái, China. Foto: Max van den Oetelaar / Unsplash

Dr. Peter J. Li., profesor adjunto en Políticas de Asia Oriental en la Universidad de Houston-Downtown

26 mayo 2020

Hacia finales de marzo, China comenzó a recuperarse lentamente de los dos meses de confinamiento impuesto por las autoridades del país, con el fin de contener la pandemia de la COVID-19. Mientras que Wuhan y otras ciudades de la provincia de Hubei, el epicentro de la crisis sanitaria global, esperaban «ser liberadas» del confinamiento, otras ciudades y pueblos rurales de otras provincias iban reduciendo las restricciones.

 

Los comercios empezaron a abrir con normalidad. La reapertura de la actividad económica en el país atrajo la atención del resto del mundo. Las noticias en los medios de comunicación de la reapertura de los mercados húmedos resultaron especialmente perturbadoras para las audiencias internacionales.

En la antigua China y en el pasado reciente del país,

no existían este tipo de mercados de animales salvajes.

Alrededor del mundo, las personas tienen motivos legítimos para cuestionar la reapertura de los mercados húmedos chinos recogida en las noticias. Fue precisamente en este tipo de mercados chinos donde en 2002-2003 se originó el SARS (por sus siglas en inglés: Severe Acute Respiratory Syndrome o Síndrome Respiratorio Agudo Severo) en Guangdong y la COVID-19 en Wuhan.

 

Evidentemente, las noticias de reapertura de los mercados húmedos provocaron una ola de críticas por parte de políticos, líderes de opinión y periodistas de renombre. Sin tratar de negar la existencia de tergiversación intencionada por parte de algunos periodistas, creo que existe una considerable confusión por parte de los medios occidentales con respecto a los mercados húmedos en China. Además, parece que la percepción de un supuesto consumo generalizado de animales salvajes en China está siendo ampliamente aceptada en Occidente.

El Dr. Peter Li investigando las condiciones de un mercado húmedo en el sudoeste de China.

Existen dos tipos de mercados húmedos en China. El primero, más común y tradicional, es el mercado húmedo avícola, normalmente en el interior de grandes mercados. Esta sección de los grandes mercados para el comercio de aves vivas, como gallinas, pollos, palomas, patos y otras, no suele ocupar más del 5 % del espacio total del mercado en el que está alojada, en el que, además, hay otras secciones de venta de verduras frescas, alimentos desecados y en conserva, carne fresca y congelada, pescado y marisco. Los mercados húmedos avícolas no suponen más del 5 % del comercio de aves en el país, debido a la invasión de los supermercados y otros establecimientos de distribución de alimentos al estilo occidental.

 

El segundo tipo es el de los mercados húmedos de animales salvajes, que han surgido en China durante los últimos 40 años. En la antigua China y en el pasado reciente del país, no existían este tipo de mercados de animales salvajes. Comparativamente, los llamados mercados húmedos de animales salvajes o, simplemente, mercados de animales salvajes no eran comunes, se concentraban ante todo en regiones del sur, sudoeste y centrales.

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Es cierto que China reabrió los mercados y otros negocios hacia finales de marzo. Los que también reanudaron su actividad comercial fueron los mercados húmedos avícolas, pero no los mercados húmedos de animales salvajes. Existe una preocupación global que afirma que la actual prohibición del comercio de animales salvajes en China no durará mucho tiempo. Dicha preocupación tiene su base: China dejó en shock al mundo entero y a su propia comunidad médico-científica en agosto de 2003, cuando decidió reabrir el comercio de animales salvajes tan solo dos meses después de que finalizara la epidemia del SARS.

 

En retrospectiva, dicha reapertura no fue una sorpresa. La decisión fue el resultado de la falta de comprensión, por parte de las autoridades del país, de la industria del comercio con animales salvajes. El gobierno chino falló a la hora de entender que grandes concentraciones de animales salvajes hacinados (tanto capturados como criados en cautividad), ya sea en granjas, en carreteras o en mercados, sería un caldo de cultivo ideal para futuros brotes de pandemias.

El mundo ha centrado excesivamente la atención

en los mercados húmedos de animales salvajes.

La agresiva actividad de los lobbies con intereses en el comercio de vida salvaje también contribuyó al levantamiento de la prohibición comercial.

El negocio de la vida salvaje en China viene siendo un grupo de interés con una influencia desmesurada. Su habilidad para influenciar en la legislación del comercio de vida salvaje ha derivado, en gran medida, de su capacidad para controlar el discurso público sobre el asunto.

 

Representantes de los intereses del sector vienen desde hace tiempo promoviendo la cría comercial de animales salvajes como algo positivo para la conservación, para «salvar la vida de las personas» y para reducir la pobreza. Todas estas afirmaciones son, en gran medida, infundadas. Sin embargo, han conseguido convencer a la sociedad y al Gobierno chino de que la industria de animales salvajes sirve a los objetivos políticos del Estado: es una industria que debería ser reconocida en lugar de restringida o prohibida.

 

Desde la reapertura en agosto de 2003, el comercio de animales salvajes en China se ha expandido enormemente. A finales de 2016, se había convertido en una industria con unos beneficios anuales de 520 000 millones de yuanes (77 000 millones de dólares), más del doble del PIB de Corea del Norte el mismo año. Esta industria consta de cinco componentes: cría para pieles, mercados de comida exótica, medicina tradicional china, exhibición y venta de mascotas, y usos de laboratorio.

 

Aunque la actual prohibición solo afecta a la cría de animales para los mercados de comida exótica, los demás componentes suponen no menos riesgos de brotes epidémicos. La sociedad china está demandando al Gobierno que la actual prohibición continúe y se extienda a los otros cuatro componentes. Como era de esperar, los representantes de la industria no se han quedado de brazos cruzados: sus lobbies están manteniendo una feroz actividad para conseguir levantar la prohibición sobre el comercio. Declaran que la cría de animales salvajes para abastecer a los mercados de comida exótica es necesaria «por la demanda de carne exótica por parte de la sociedad china», y afirman que los animales salvajes criados en cautividad son seguros.

Calles de la ciudad de Wuhan, China. El epicentro de la pandemia SARS-CoV-2. Foto: Benjamin Chris / Unsplash

Al igual que en el resto del mundo, el consumo de animales salvajes ya existía en la antigua China entre un reducido número de personas. Sin embargo, su carne nunca ha sido una parte importante de la cultura culinaria predominante en China. La cría en cautividad de animales salvajes para abastecer los mercados de comida exótica no ha existido ni en la antigüedad ni en el pasado reciente del país.

 

La sociedad china no ha crecido consumiendo carne de rata, serpiente o sopa de pangolín. De hecho, la carne de estos animales nunca ha sido una opción alimentaria para la mayoría de la población. Un reciente estudio sobre el consumo de animales salvajes en China reveló que ni una sola de las 212 familias que formaron parte del estudio tenía este tipo de carne en su nevera. Criadores y comerciantes dicen producir para satisfacer una demanda que es inexistente.

 

Como en el resto del mundo, la cultura culinaria china reconoce la importancia de una dieta equilibrada, con ingredientes alimenticios que sean moralmente aceptables, entre otras consideraciones nutricionales y culturales. La carne de animales salvajes no es lo que se suele preparar en la cocina de una casa china, sumándose a las anteriores consideraciones que su precio es prohibitivo. La comida exótica suele servirse en restaurantes a un precio muy elevado a aquellos comensales que buscan presumir de haber comido los animales más raros, exóticos o incluso, en peligro de extinción. También hay quien acude a este tipo de restaurantes como anfitrión de sociedades de negocios o para sorprender a la familia y amistades.

Ningún país debería caer en la complacencia de creer que

las enfermedades zoonóticas son específicas

de una sola nación o cultura.

El mundo ha centrado excesivamente la atención en los mercados húmedos de animales salvajes. Sin embargo, este tipo de mercados representa solo una de las cinco áreas de la industria de animales salvajes, siendo todas ellas igual de peligrosas. En China se encuentran cientos de millones de animales salvajes en cautividad en las instalaciones destinadas a su cría. Estos suelen estar mezclados con otros animales capturados en la naturaleza, lo que aumenta las posibilidades de introducir virus de los ecosistemas nativos.

 

El transporte de larga distancia es la segunda área susceptible de provocar un brote epidémico. El transporte terrestre, cruzando fronteras provinciales, puede suponer días en la carretera en un país de tamaño continental como China, causando un estrés enorme a los animales y debilitando por lo tanto su sistema inmune. La mayoría de estos animales son entonces enviados a los restaurantes para ser sacrificados y procesados para el consumo, restaurantes en los que se sacrifica in situ distintas especies animales, convirtiéndose en puntos calientes para la infección cruzada y la mutación vírica. Estos lugares proporcionan condiciones para la transmisión vírica similares a las de los mercados húmedos de animales salvajes. En resumen, la totalidad de la industria de explotación de animales salvajes es un potencial riesgo para la salud pública.

 

Referirnos a la COVID-19 como un virus chino no hace del mundo un lugar más seguro. Pandemias como la producida por el SARS-CoV-2 o el SARS pueden seguir ocurriendo en cualquier parte mientras los animales salvajes sigan siendo explotados. Identificar la

COVID-19 con China o su cultura puede cegarnos ante los potenciales brotes de pandemias que pudieran surgir de nuestros propios jardines. Es importante que tomemos conciencia en caso de tener un negocio para cuyas operaciones se precise mantener un gran número de animales salvajes en contra de su naturaleza y por nuestro interés egoísta. Negocios basados en el comercio con animales salvajes que impongan esclavitud y maltrato, mercados de comida exótica que amenacen las poblaciones salvajes o actividades de expansión urbanística, caza deportiva o por ocio, que invadan de forma permanente los hábitats naturales o la vida salvaje.

El negocio de la vida salvaje en China viene siendo un grupo

de interés con una influencia desmesurada.

Aún hay mucho por hacer si queremos hacer del mundo un lugar seguro. China tiene la responsabilidad global de cerrar los mercados de animales salvajes para siempre, y esta prohibición comercial debería extenderse a los demás componentes de las operaciones de la industria. Además, China debería considerar el cierre progresivo de los mercados húmedos de ganado, ya que es una actividad comercial que cada vez abastece a un menor número de personas.

 

Son acciones perfectamente ejecutables para China. La afirmación de que la población china demanda el consumo de la carne de animales salvajes es falsa. Se trata de una falsedad perpetuada por intereses comerciales. Los mercados húmedos de ganado solo abastecen a un pequeño segmento de las generaciones mayores.

 

Las acciones tomadas únicamente por China no son suficientes: ningún país monopoliza los brotes epidémicos. Ningún país debería caer en la complacencia de creer que las enfermedades zoonóticas son específicas de una sola nación o cultura. Ha llegado el momento de que el mundo entero ofrezca un merecido respeto a la naturaleza. Los animales salvajes pertenecen a los ecosistemas naturales.

 

La explotación de estos animales no es solo dañina ecológicamente hablando, sino que además es una vergüenza moral. Por nuestra propia seguridad y por la de todos aquellos animales no humanos que habitan de igual forma en la Madre Naturaleza, actuemos en consecuencia.

El Dr. Peter J. Li. es profesor adjunto en Políticas de Asia Oriental en la Universidad de Houston-Downtown. Sus áreas de enseñanza incluyen las relaciones internacionales, políticas en Asia oriental, política exterior estadounidense y política y derechos

animales en la China contemporánea.

Su área de investigación se centra en las políticas de bienestar animal en China y el movimiento de protección animal en el país asiático, en tiempos de una rápida transformación social. Sus publicaciones incluyen áreas de investigación sobre el comercio de vida salvaje en China, el tráfico ilegal internacional de vida salvaje con destino a China, usos de flora y fauna salvaje, cultura y política, y los obstáculos políticos e institucionales para la aplicación de las leyes sobre la vida salvaje. Se puede encontrar una selección de sus trabajos (en inglés) aquí. Su libro Animal Welfare in China: Crisis and Politics Development (editado por la Universidad de Sidney) aparecerá próximamente.

Las opiniones expresadas en este artículo son las de su autor o autora. No pretenden reflejar las opiniones o visión de Equalia ni la de las personas que forman parte de Equalia.

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